domingo, 24 de junio de 2018
La dama del cacao
En Ucayali la historia de una comunidad de mujeres demuestra que, tras décadas de subversión y plantación ilícita de coca, se puede surgir cultivando cacao.
“Soy Silvia Elizabeth Iparragué Paredes, presidenta del comité de mujeres chocolateras, chocolate corazón”. Silvia tiene la mirada de quien parece dar afecto luego de la tempestad, la voz tenue —algo rajada pero armoniosa—, viste un polo rosado que dice “Miracle (milagro, en inglés)” y usa una especie de pañoleta que oculta su cabello, que parece ser castaño.
Ella vive en un pueblo que da la bienvenida con un cartel que dice “Ciudad aromática”, porque cada uno de sus habitantes plantan puro cacao aromático como actividad económica. En una localidad donde hace unos años solo era conocido por el cultivo ilegal de coca y la deforestación maderera, sembrar cacao es síntoma de superación.
Silvia nunca tuvo una formación académica y desconoce las virtudes que tiene su cacao, pero ser un experto no es suficiente para obtener un buen producto. ¿Qué la diferencia de otros agricultores? Ella vive en una zona privilegiada por sus tierras que influyen en la fisiología de su cacao, partiendo desde la temperatura, la lluvia, la importancia de la luz solar, la humedad relativa y el viento. Plantar cacao no solo hace que dejen atrás la economía de la coca, también apoya al medioambiente porque estas captan las emisiones de carbono.
Tal vez ella desconoce gran parte de esto, pero afirma que su cacao es el mejor que hay, al no adulterarlo con químicos y trabajarlo de forma 100% artesanal. Sin embargo, esto no es suficiente. También se necesita un trabajo de expertos en el cultivo (abonamiento), por lo que ahora están trabajando con especialistas de diversas entidades del Estado para obtener el cacao que Silvia sabe que puede lograr.
Hace cuatro años, ella inició con otros 17 socios esta odisea de sembrar cacao, a sabiendas de que no existía un mercado ni la cultura de su consumo en nuestro país. Sin embargo, un ingeniero de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) llevó el cacao que producen sus tierras a Francia y tuvieron éxito. Ese fue su primer empujón para creer en ellos mismos y exportar cacao aromático.
Primero exportaron dos contenedores que sumaban 50 toneladas, luego 100, 600 y ahora firmarán por 1000 toneladas al año de cacao aromático, dice Silvia: “Acá todos siembran cacao aromático y lo mínimo que puede tener alguien es una hectárea”.
El terror que no venció
Sus padres murieron en el departamento de San Martín durante la guerra interna, así que decidieron alejarse de ese pasado y reiniciar todo: nuevas tierras, nuevo trabajo, nueva mentalidad. Se alejó de las plantaciones de coca, que tanto le recordaba ese pasado funesto, y ahora pertenece a la primera generación de su familia que se dedica a sembrar cacao, a pesar del escepticismo inicial de su esposo.
Cuando se mudó a esta zona del distrito de Neshuya, provincia de Padre Abad en Ucayali, vio que varios pobladores ya plantaban cacao y decidió imitarlos.
Por ese entonces Devida, un organismo adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros se encargó de diseñar y conducir la Estrategia Nacional de Lucha contra las Drogas, brindando asistencia ténica para adoptar cultivos alternativos como el cacao, luego de la erradicación de los cultivos ilícitos de la hoja de coca. Silvia, al notar este nuevo ambiente, no dudó en seguir un nuevo sendero en su vida.
— ¿La decisión fue suya?
—Sí —responde con una leve mueca de orgullo.
—Entonces usted toma las decisiones del hogar.
Silvia solo carcajea. No se atreve a mostrar síntomas de superioridad hacia el “sexo fuerte”, aunque en ella se canalice toda la gallardía que puede tener una persona. Cuando el gobernador regional se acerca, parece una vecina más que corre a pedir todo lo que le falta (como agua potable, por ejemplo).
A simple vista pareciese una persona más, pero los foráneos no saben que ella fue la primera persona que se enlistó en esta iniciativa de formar una asociación, para luego ser seguida por otras tres mujeres que vieron en ella un ejemplo a seguir.
Al comienzo había mucho machismo, recuerda. No la dejaban opinar, la callaban o no le hacían caso. Había gente que abandonaba este proyecto, pero ella nunca dudó. Ahora todo ese pasado negativo ha menguado en toda esta localidad.
Cuando le preguntas qué planes tiene, ella se ruborizará pero su respuesta será tan contundente como su cacao.
—No te puedo decir el futuro, porque se hace todos los días. Tenemos el mejor cacao de la región. Estaremos en todo Ucayali, luego en Lima y de allí al extranjero. Creo que todos soñamos con salir del país, ir más allá, porque toda persona tiene sueños. Y los sueños a veces se hacen realidad.
El nuevo rostro del Valle del Monzón
Hace más de una década, este lugar era la meca del narcoterrorismo. Ahora, tras una erradicación histórica de cultivo de coca, la apuesta es otra. Rumbos fue parte de la primera presentación del Valle del Monzón en Huánuco y su nueva ruta turística. Acompáñenos en esta aventura.
Antes, todas las pisadas que habían en el valle del Monzón eran clandestinas e ilícitas. Hoy, todos están acá de forma intencional y aventurera. Durante las dos horas de recorrido de Tingo María hacia el Monzón, el camino está impreso de casas chatas, pequeños riachuelos, parajes verdosos y nubes expuestas como gigantes y densas figuras de algodón.
A pesar que han pronosticado friaje, el sol no tiene clemencia. Las decenas de hogares se presentan con niños y niñas que juegan al borde de la carretera. Varias familias parecen tener al menos tres cosas inminentes: perros, gallinas y cajas de cerveza. Las necesidades básicas de seguridad, alimento y ocio. Todo en plural porque luego de la tempestad nada es suficiente.
Los lugareños mirarán tu movilidad pasar por sus hogares con una extrañeza de doble filo: una felicidad oculta al saber que están llegando turistas a ver la nueva cara del valle, y cierta desconfianza porque no hemos sufrido la guerra armada interna, ese período liderado por Sendero Luminoso que desangró las zonas más pobres del Perú; Huánuco, entre una de ellas.
Pero eso era antes. Victor Pajuelo, alcalde de Monzón, luego te dirá que ahora este es un lugar completamente renovado, pero a pesar que la época subversiva ya menguó, los peruanos tenemos un concepto tergiversado del valle. “Nos encontramos con el tema de mala imagen, por lo que la gente no quiere venir al Monzón. Pero hoy está comprobado que el valle no es el mismo de antes”, señalará.
Dentro del custer que nos transporta —que vendría a ser una imagen del turista que llega por primera vez al Monzón— se reflejan las actitudes de todo buen viaje: los andariegos recuerdan su primera aventura, la dicha del primer beso o las anécdotas que quedan estampadas en nuestra vida. Algunos solo miran por la ventana, serenos, mientras olvidan inconscientemente las escaramuzas del día a día.
El sol que nos chorrea hace que recordemos a Los reyes rojos de José María Eguren: Desde la aurora / combaten los reyes rojos / con lanza de oro. / Por verde bosque / y en los purpurinos cerros / vibra su ceño. O ese otro poema del Argentino, un tal Arabia, que dice: Nos vamos lejos, amigos: / donde las vacas beben / donde la savia fluye. / Nuestros versos necesitan ser juzgados / pero en tierras más salvajes.
El valle del Monzón ya no juzga y ya no es salvaje, solo recibe sumiso a sus turistas. Inclusive, como muestra de que ese pasado no los carcome, tienen un parque cerca de la municipalidad provincial con el símbolo de la coca. Anteriormente, revela Miquer Cornelio, gerente comercial de la agencia de turismo High Tours, solo podían pasar familiares o personas recomendadas por los mismos pobladores de esta zona. Era un lugar exclusivo para aquellos que explotaban las plantaciones de coca, una de las más baratas y de mejor calidad del mundo.
Entre todos estos follajes —donde aseguran que a finales del siglo diecinueve era investigado por el naturalista, explorador y escritor Antonio Raimondi debido a su basta flora—, solo había coca. Inclusive, algunos rumoran que tuvo la presencia de agentes de la DEA (Administración para el Control de Drogas, en castellano), que hasta helicópteros se estacionaban por este follaje y que magnates de perfil mexicano o colombiano frecuentaban al valle.
Pero hoy, el turista sabe que se ha reemplazado la coca por el cacao, café, sacha inchi, plátano, entre otros cultivos. El valle del Monzón se ha quitado ese antifaz malhechor para dar riendas sueltas a todas las virtudes que lo rodean: trekking por las antiguas rutas donde cursaban los incas y posteriormente los españoles hasta la selva del río Marañón, una caminata maratónica por la cordillera Huayhuash, apreciar cataratas donde se puede practicar rapel, y aguas idóneas para deportes como canotaje y kayak.
Este es uno de los pocos destinos turísticos del país que comprende hermosos paisajes acompañados de históricas experiencias, un menú aventurero variado, una carta de platillos y tragos interminables, un clima camaleónico que siempre te mantiene atento y la calidez de su gente que no saben cuándo descansar. Dicen que sus juergas empiezan el lunes y terminan el lunes, y lo que pasa en el Monzón se queda en el Monzón.
En rumbo
En avión de Lima a Tingo María: 50 minutos aprox.
En bus: 15 horas
Desde Tingo María hasta el valle del Monzón son dos horas.
El dato
Para disfrutar de un servicio completo de turismo en Tingo María, deportes de aventura, hasta hospedaje y recojo desde el aeropuerto, contactarse con High Tours. Cel. 962704141 / correos: info@hightoursperu.com – reservas@hightoursperu.com. Hay tours personales, pero los precios varían dependiendo de la cantidad de personas, por lo que es recomendable ir en grupo.
Para disfrutar de un servicio completo de turismo en Tingo María, deportes de aventura, hasta hospedaje y recojo desde el aeropuerto, contactarse con High Tours. Cel. 962704141 / correos: info@hightoursperu.com – reservas@hightoursperu.com. Hay tours personales, pero los precios varían dependiendo de la cantidad de personas, por lo que es recomendable ir en grupo.
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